Mis huesos rotos cambian de tonalidad según los movimientos de mis maltrechos músculos. Hace tiempo que soy una cárcel. Mis rejas son más fuertes que las de acero. Sobrevuelan aves carroñeras que buscan una idea fugitiva para demostrarse a sí mismas que siguen teniendo el instinto, que su pico sigue afilado y su mirada no ha dejado de ser aguda. He intentado escapar pero la única salida implica mi destrucción. Total o parcial. Es lo de menos.Mi testamento serán los lápices que se gastaron rayado estas rejas. Gracias.
De nada, pero ¿por qué? jajajaja
ResponderEliminarTE QUIERO, sabes?