lunes, 1 de agosto de 2011

Incluso la playa sin mar. París sin la Torre Eiffel. Europa sin su historia. Hasta la vida sin música. Libros sin palabras o relojes sin manecillas. También montañas planas o balas perfumadas. Una casa ardiendo sin llamas. Una lámpara que propaga la oscuridad. Seres enfermos de salud. Facturas para la indulgencia.Guitarras sin cuerdas y suburbios de lujo. O mansiones sin suministros de luz. También árboles sin raíces y vida sin agua. Mártires sin convicción, revolucionarios que se limpian las botas, jueces cuyo martillo separa el mal de nuestras vidas. Un dios que nos escuche. Castigados, torturados seres a los que un yunque llamado tiempo vuelve intransigentes. Artistas cuerdos que venden su obra como quien vende mantequilla. Eddie Vedder mudo. Economías que igualen al cochambroso y al engominado. Todo esto tiene sentido. No lo tendría, sin embargo, mi vida sin tí.

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