Vigilantes de mi angustia, sabed que no cederé ni un milímetro. Sabed que vuestra escarpada moral me da fuerzas para contradecir lo que soltais. Si el Sol clava sus agujas sobre mí, entonces me daré por aludido. No me alisteis en vuestras comunas de artificio, pues no creo en la entropía provocada. No me vendais vuestros taimados fideos ni vuestras embotadas promesas. Vuestras ideas no pueden coagular mis heridas, vuestros métodos no justifican mis fines. Esas máscaras no ocultan que vuestros corazones jamás han visto la luz.
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